Aqui os pego un reportaje aparecido en "Heraldo de Aragón" sobre el cierre de la sala de conciertos Bass Space, no era una sala en la que se hicieran conciertos metaleros, pero sinceramente el cierre de salas nos afecta a todos, y cada vez hay menos lugares donde poder disfrutar de un concierto, aqui os pongo el artículo:
Malos tiempos para los locales de música en directo
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Pepín Tre, el pasado viernes, en La Campana de los Perdidos, en la calle de San Prudencio de Zaragoza. . MAITE FERÁNDEZ ÓSCAR SENAR. Zaragoza
Quizás ahora, en plena efervescencia Expo, nadie eche de menos actuaciones de música en vivo. Pero desde la semana pasada, con la desaparición de Bass Space, existe una sala de conciertos menos en Zaragoza. El sector está pasando por una época inestable, y resulta complicado encontrar una única causa.
La discoteca Bass Space, en la calle de Fernando el Católico, ofrecía conciertos desde hacía tan solo un año y por ella habían pasado grupos como Skatalites, Delorean, o Vive la Fête. Según sus responsables, se ha visto obligada a cerrar por "inviabilidad" económica. Una sanción administrativa por filtraciones de sonido obligó a su clausura temporal el pasado mes "con todas las de la ley", aseguraba Olivier Vilaín, responsable de comunicación de la sala. Para Vilaín, las pérdidas generadas por la clausura han sido la principal causa del cierre definitivo, pero no la única. Según Vilaín, faltó que acompañaran buenos resultados como bar de copas.
"Hay una crisis; este último año ha sido difícil para nosotros, no mucho más que los anteriores, pero sí se ha notado un bajón considerable", admite Javier Benito, encargado de la programación de La Lata de Bombillas, en María Moliner. Mucho más pesimista se muestra Chema González, que llevaba la dirección artística de The Cavern, un reducto de música sesentera: "Estoy desmoralizado. Hace poco traje al bajista de "The Shadows", Brian Locking, toda una institución, y solo asistieron 27 personas". El pasado sábado, Chema organizó su último concierto. Tras poco más de un año en el local de la plaza de Santa Cruz, cansado de experiencias "negativas y tristes", González ha decidido tirar la toalla.
En La Campana de los Perdidos, en el Casco, aunque no aspiran a llenazos, pueden dar fe de que las cosas no pintan bien. El pasado viernes organizó un concierto de Pepín Tre al que apenas acudieron 30 personas. ¿Pero qué hay tras el citado "bajón"? Eso es algo que no parece estar tan claro.
Crisis de público joven
"El problema es que no hay jóvenes en los conciertos, los bares están vacios", asegura Gerardo García, de Arrebato, un gueto de punk, funk y metal en pleno barrio de la Magdalena. Chema Fernández, programador de La Casa del Loco o la sala Oasis, también ha observado esto en sus locales. "Hay un dato preocupante: no se suma público joven, no acuden a ver música en directo y ellos se lo pierden", corrobora Fernández.
Si bien hay cierto acuerdo en la realidad de que los jóvenes no acuden a los conciertos, el porqué ya es harina de otro costal. Para Chema Fernández, la cuestión legal no es baladí. Los menores de 18 años no pueden entrar en los locales porque dentro se venden bebidas alcoholicas, lo que le ha obligado a dejar de programar determinados conciertos de un perfil juvenil por no encajar en una sala comercial. "Si de chavales no asisten a conciertos, después no lo echan de menos", indica Fernández. Quizás tampoco ayude a que cuando pueden acceder a los bares se encuentren con los precios de las bebidas fuera de su alcance. Sergio Vinadé, del grupo Tachenko, va más allá y habla de un cambio de mentalidad: "En los 80 se entendía la música como una forma de vida, ahora se ve como un producto de consumo más".
Pero no solo falta una renovación generacional. "Juntar a más de 150 personas en una sala de rock es una proeza en esta ciudad, no hay demanda", asegura Javier Benito. Parece que nadie tiene problemas para gastarse los ahorros en ir a ver a un artista de moda como Bisbal o a consagrados como los Rolling Stones, pero no hay costumbre de rascarse el bolsillo para un concierto en un local pequeño. Así pues, la crisis es de demanda: las nuevas ofertas se encuentran con que diversifican a la ya escasa masa de aficionados. "Al final te encuentras que sólo acuden a los conciertos los amigos del grupo o del local", señalan desde The Cavern.
En este sentido, casi todos destacan el buen papel que está desempeñando el festival Muévete en directo, que organiza desde hace tres años el Ayuntamiento de Zaragoza. "Iniciativas como el Muévete están logrando acercar la música de nuevo al publico, pero aún así sigue yendo poca gente a los conciertos", señala Sergio Falces, del colectivo Aragón Musical.
"La mayoría de los locales de música en vivo son bares que se la juegan para ofrecer los conciertos. Es casi imposible obtener una licencia urbanística específica que te permita realizar una buena inversión y abrir un sitio en condiciones óptimas para el público y las bandas", se lamenta Javier Benito. El ejemplo más claro de esto es La Campana de los Perdidos, que lleva 20 años de programación estable sin contar con la licencia apropiada.
Salas con calidad
Algo que a los músicos también les preocupa. Jaime Lasaosa, de las bandasStereAnt y Hotel, reivindica la necesidad de salas "con una mínima calidad técnica", imposibles en un circuito semiclandestino. Por su parte, Juako Malavirgen, cantautor humorístico, considera que, más que la escasez de escenarios, el problema está en la amenaza de cierre que pende sobre algunos locales, lo que obliga a no promocionar conciertos o a ceñirse a acústicos para evitar quejas. Se ha dado el caso de que no se permita tocar a un grupo con su batería porque se corre el riesgo de sobrepasar el umbral de sonido permitido. Tanto artistas como locales, aunque piden más flexibilidad en las normativas municipales, son conscientes de que si molestan a los vecinos pierden cualquier tipo de apoyo social y dejan de ser vistos como centros de cultura.
No todo son quejas. Las salas con más solera, como La Casa del Loco o la Oasis aguantan el tipo. Pero tiene su explicación: funcionan como discoteca de copas. Chema Fernández, su programador, lo tiene claro: "Se puede tener una idea romántica de la música, pero esto es un negocio que necesita mucho dinero, y hace falta una visión comercial". Por su parte, Javier Benito admite que no hay que "lloriquear". "Hay que esforzarse para crear una base de público joven dispuesto a sorprenderse", concluye.
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Mie Jul 30, 2008 9:12 pm
metalflamera Usuarios
Registrado: 10 Abr 2006 Mensajes: 1697
Pues la verdad es que es una putada pero vamos, tampoco me sorprende tanto, hay mucha gente que prefiere gastarse 10 € en irse a hacer botellón que en ver un buen concierto...
_________________ Y en la sombra de la noche más oscura, con la luna llena teñida de sangre en el cielo, una criatura cobrará vida al amparo del odio y la frustración; Muerte para muchos... rey para unos pocos... venganza en su mirada... seco su corazón...
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